Dos eternos años 

El Futuro 6 de Alemania del año 2014 a esta altura se ve lejano y en parte, sin significado para un seguidor del tenis común y corriente. Claro, es un futuro más, uno de los infinitos torneos que reparten 10 mil dólares cada semana, todas las semanas del año.

Hay dos opciones para recordar ese torneo teutón: la primera es ser realmente muy fanático o, tener un buen recuerdo de aquel torneo. Yo, voy por la última.

Opto por la segunda alternativa porque en aquel campeonato, Nicolás Jarry conseguía su segundo título como profesional. Fue el 6 de julio, en Saarlouis ante Mats Moraing en tres sets.

La importancia que le doy a aquel torneo es tanta, porque hasta esta mañana, era el último título que la ‘Torre’ tenía en singles.

Fueron dos años y casi dos meses eternos. Porque Jarry estuvo cerca en Quito, en el Challenger, pero no pudo ante Horacio Zeballos en la final. El chileno hacía buenos torneos que no se coronaban con la copa.

También competía ante buenos rivales, pero faltaba el último paso para lograr victorias resonantes. Estuvo cerca con Víctor Troicki (Sidney), llegó a octavos en el ATP 250 de Quito, y casi sorprende a Víctor Estrella-Burgos en Washington. Pero no podía. Y encima, debió finalizar anticipadamente la temporada 2015 por una lesión en la muñeca.

La vuelta fue durísima, con la tónica de la última etapa de su carrera. Rondaba las grandes sorpresas pero, al momento de obtenerlas parecía que se montase un muro imposible de escalar. Como si tomase la cuerda y esta se cortara.

Jugó un digno partido ante David Ferrer en Río y más adelante llegando desde la Qualy, alcanzó los cuartos en Savannah.

Desde mediados de mayo jugó ocho clasificaciones en Europa: pasó cuatro y perdió cuatro. Fueron tres meses mezclando victorias y derrotas. Imposible tomar confianza así.

Pero llegó agosto y una inscripción a un torneo en Rumania. Medias, ciudad de aquel país, acogía el Futuro 13, y la semana era más que positiva. Título con Simón Navarro en dobles y una final en singles, en un partido de más de tres horas con definición de 7-6 en el tercero. Jarry estaba cerca.

Fue otra vez, picado, a buscar una nueva chance. No en dobles. Individuales era el objetivo. Y lo logró. Sin perder un set, ganando 62 de los 85 games que jugó, Nicolás Jarry cortó esa nefasta racha.

Pasaron 784 días de aquel día en Saarlouis. La eterna espera terminó. Ojalá, y como hincha del tenis chileno lo menciono, no tenga que volver a escribir en 784 días. Ojalá pueda hacerlo más seguido. ¿Por qué no cada siete días?

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