Suspiro limeño

No. No piense que se equivocó de sitio y que va a encontrar ese exquisito postre en forma de receta. Quise hacer el juego de palabras por lo que significa este desahogo, este suspiro de Christian Garín en Lima. 

Es imposible no pensar en el año del Tanque, sobre todo porque el hecho de llegar a cuartos de un Challenger parecía un suplicio. De hecho, fueron casi 30 torneos para que llegase el primero justamente esta semana, en Miraflores. 

Y, para seguir con el juego de palabras, lo de Garín en Perú fue como caminar en el desierto florido. ¿Por qué? Porque venía jugando bien pero faltaba el último impulso. A Horacio Zeballos le dio un paseo en el primer set y lo tuvo más que controlado en el segundo en su presentación en el Club de Polo la semana pasada. Entonces, todo era incertidumbre. Porque en lo árido que se había convertido ganar, apareció una semana colorida, con suerte y, sobre todo, buen tenis. 

Es imposible no recordar -lamentablemente- todas aquellas chances que había desperdiciado en el año. A la mente se me viene el partido con Iñigo Cervantes en Sevilla y Andrej Martin donde tuvo para llevarlo a un tercer set. El tenis, como la vida misma, a veces es desgraciado e irónico, y justamente este último concepto se acentúa para el título de Garín. 

¿Por qué? Porque no recuerdo en las últimas semanas un cuadro tan duro como el de Lima. Seis top 100 y jugadores avezados para el nivel Challenger. Todos festejamos -sin faltar el respeto- que le tocase Juan Pablo Varillas en primera ronda. Un invitado local que puede ser de riesgo pero que con un Garín enfocado no había problemas. Así fue. Sólido 6-4, 6-3 y a segunda ronda para enfrentar a ¿Thiago Monteiro? ¡No! El austríaco Linzer, un Lucky Loser medio pelo. A la suerte, hay que buscarla, dicen. Garín 6-3, 6-4 sin ceder un break point y -por fin- a cuartos. La pista se ponía más dura pero Christian estaba evidenciando claras mejoras -principalmente- en el aspecto mental. 

Que quede claro: no le estoy restando mérito a lo que hizo, al contrario. Lo alabo porque aprovechó cada cosa a su favor con lo que más sabe hacer: jugar al tenis.

El ‘retirado’ Hans Podlipnik le sacó hasta la última gota de sudor al guerrero Charla Berlocq. Todos nos queríamos morir porque Hans estuvo a nada y en casi cuatro horas cayó 7-6 en el tercero. “Hubiese sido lindo asegurar un chileno en la semifinal” me dije prosiguiendo “al menos Hans lo dejó muerto, es ahora o nunca”. 

Fue ahora y nunca tocó la raqueta. Berlocq desahuciado dijo basta y un descansado Christian Garín alcanzaba la tercera semifinal de su carrera en Challenger, y jugaba con ¿Facu Bagnis? ¡Tampoco! Guilherme Clezar lo bajó como a Renzo Olivo y sería su rival en la semi. 

Perdónenme la expresión, pero el iquiqueño le sacó la cresta y con piedad. Llegó a la final con un cómodo 6-1, 6-3 y a esperar por Andreozzi o Dutra Silva que se mataban a palos en la tarde noche limeña. Fue el argentino, 127 del mundo y el enfrentamiento en suelo peruano. Curiosamente los dos triunfos del chileno ante el flaco trasandino habían sido allí…

Por lo que me han dicho, -nunca lo sabré- la final fue tan dolorosa como un parto. Los dos partieron sólidos pero el Tanque se fue un poquito y Andreozzi aprovechó para irse con el 6-3 parcial. 

El segundo set fue extremadamente parejo pero siempre estuvo la sensación de que Garín podía quebrar antes que su rival. Así fue en el duodécimo game donde a pura garra y talento llevó la semifinal a la tercera manga. 

Otro parto. Los de ESPN -¡hace cuánto no teníamos un chileno en ESPN!- estaban locos con el nivel de ambos: los “qué bárbaro” iban y venían, y no era para menos. La final fue extraordinaria de principio a fin. Se llegó al Tie Break y Garín empezó con una doble falta y imagino que la mayoría recordó el desempate con Zeballos. Pero, se recuperó firme, sin titubear. Finalmente sería un 7-3 con un derecho cruzado a la carrera que lo desplomaría al polvo de ladrillo para inmortalizar una postal. Quizás cuántos suspiros, cuántos desahogos. Corrió casi con miedo a la red para saludar al respetuoso Andreozzi, que lo esperaba para darle un abrazo. Amigo Guido, tú no lo perdiste. Christian Garín, después de tanta espera, te lo ganó. Y en excelente ley. 

Vendría la fotito para el instagram y un “no sé qué poner por aquí”. No hay que poner nada. No hace falta. Si tu alegría es gigante, créeme que la de los seguidores chilenos es mayor aún. Salud y buen viaje a Guayaquil, porque como en la vida, no hay descanso prolongado que lleve al éxito. Respira hondo, los suspiros ya se fueron. Éxito y espero escribir nuevamente el próximo domingo. 

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